• Sarkozy se dispone a fijar
criterios de selección para endurecer la admisión de
extranjeros en Francia y aumentar las expulsiones • El Gobierno de Villepin
pretende echar del país este año a 23.000
personas
Tándem
Villepin (a la izquierda) y Sarkozy, el pasado
día 10. Foto: AFP / PASCAL PAVANI
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MONTSE CAPDEVILA PARÍS
El semanario de izquierdas francés
Politis imaginaba en su última edición la publicación
de un anuncio en esos términos: "Francia busca hombre o
mujer, de 30 a 35 años, indispensable experiencia, francés e
inglés necesarios, perfecto estado de salud y con carnet de
conducir. Diplomas: informático, enfermera, electricista.
Religión: cualquiera mientras sea invisible . Billete de
regreso garantizado. Contacto: Ministerio de Interior".
Era, obviamente, un anunció inventado, pero que, según
Politis, "resume la nueva política de inmigración
francesa". Se trata de una "inmigración
elegida", según los términos empleados por el ministro de
Interior, Nicolas Sarkozy, que no ha precisado todavía los
criterios de esta selección. Sarkozy sí que ha dejado muy
claro que los inmigrantes que no se ajusten a las normas
exigidas serán "expulsados". Y para que no quepa
ninguna duda, ha fijado como objetivo aumentar en un 50% las
expulsiones de los inmigrantes sin papeles.
Caballo de
batalla electoral Consciente de que la inmigración es un tema
que sigue desatando todo tipo de pasiones, Sarkozy lo ha
convertido de nuevo en el caballo de batalla para las próximas
elecciones. Renunciando a la ilusión de una "inmigración
cero", ha optado por el pragmatismo de una "inmigración
elegida", término que cuenta incluso con la bendición del
primer ministro, Dominique de Villepin, oficialmente hostil a
la idea de imponer cuotas para la entrada de inmigrantes. Pero
sin embargo, de eso se trata, tal y como lo han denunciado ya
los partidos de izquierdas y las asociaciones de defensa de
los derechos humanos en Francia. Oficialmente, se trata de
"controlar los flujos migratorios". En realidad, no es
más que "una solución fácil para importar la mano de obra
extranjera en base únicamente a las necesidades de la economía
francesa", tal y como denuncian los sindicatos. "Las
cuotas profesionales ignoran voluntariamente los intereses de
los países pobres o emergentes, que se ven desposeídos del
personal cualificado indispensable para salir de la miseria y
que mantiene bloqueados a estos países en un dramático
subdesarrollo", reconocen los expertos. El ministro
francés no ha precisado aún los criterios por los que
autorizará la entrada en Francia de los nuevos inmigrantes
(sexo, edad, orígenes, diplomas, motivaciones del exilio
(política o económico), reagrupación familiar o proyectos
profesionales y personales).
Poco personal
sanitario Se trata de una política compleja y de
administración complicada. Sobre todo si se tiene en cuenta
que hay actualmente en Francia penuria de médicos y personal
sanitario, mientras que numerosos estudiantes extranjeros en
estos sectores encuentran grandes problemas para trabajar.
También se debe tener en cuenta que los sin papeles que
trabajan no consiguen regularizar su situación. Entre el
2002 y el 2004, las expulsiones de inmigrantes en situación
irregular aumentaron un 72%, según declaró hace unos días el
propio ministro de Interior, que considera sin embargo
necesario que "estos resultados sean consolidados". Por
ello, Sarkozy considera que antes de hacer venir a los
inmigrantes adecuados, es decir elegidos, hay que
seguir haciendo limpieza y expulsar a los que no se
ajustan a los criterios seleccionados. Según Sarkozy, esto
supone aumentar el 50% las expulsiones, que deberían alcanzar
este año las 23.000 personas, y pasar de "una inmigración
impuesta a una inmigración elegida".
División de
los socialistas Se trata, según Sarkozy de "privilegiar
un inmigración laboral" fijando "categoría por
categoría" los objetivos de "los flujos migratorios que
se pueden aceptar". El concepto de "inmigración
elegida" es objeto de un amplio consenso entre la derecha
francesa mientras que la izquierda, especialmente los
socialistas, aparecen de nuevo divididos sobre la cuestión y
no acaban de pronunciarse. Un informe de Malek Boutih,
antiguo responsable de SOS Racismo, aboga también por "una
nueva política de inmigración" basada en la instauración
de cuotas para los flujos migratorios. Sobre esta cuestión,
las instancias socialistas han preferido hasta ahora evitar
debates y discusiones.
Noticia publicada en la
página 16 de la edición de 6/24/2005 de El Periódico - edición
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