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Señor
Presidente del Gobierno Español
D. José Luis Rodríguez Zapatero.
Sr.
Presidente:
Tenemos el honor de dirigirnos a usted
como españoles que nos consideramos,
es decir como nietos de quienes emigraron
hace años, escapando de la intolerancia,
la pobreza extrema y el sectarismo ideológico,
en suma dejando atrás diversas
formas de lo que hoy denominamos discriminación.
Ha
cumplido usted un año de gobierno
Sr. Zapatero, y se encuentra en pleno
debate público sobre los temas
esenciales que abordará en su segundo
año de gestión.
Sin
embargo, el reconocimiento al legítimo
derecho que tenemos por sangre los nietos
de españoles a ser reconocidos
como ciudadanos españoles, sea
cual fuere nuestra edad, lugar de nacimiento,
lugar y tiempo de residencia, sigue estando
ausente de la lista. Y esto es inusitado
en un gobierno que en otras áreas
parece tan comprometido con satisfacer
a quienes los eligieron.
Es
indiscutible que usted merece una felicitación
por la valentía con la que ha sabido
asumir y poner en práctica algunos
de sus compromisos electorales.
Por
ejemplo, y sepa usted disculpar el facilismo
tópico, se esté o no de
acuerdo con la decisión adoptada,
es innegable que usted cumplió
con los homosexuales y hoy en día
está ya en vigor la ley que regula
el matrimonio entre los mismos.
Y
por si alguna duda quedara sobre los motivos
que le impulsaron a tomar dicha medida,
todos lo escuchamos claramente Sr. Presidente
cuando usted, al anunciarlas, recomendó
hacer "poco caso" a la derecha
e instó al Partido Popular a "mirar
a la cara a todos los homosexuales y explicarles
por qué deben seguir siendo ciudadanos
de segunda categoría”, agregando
“que se los digan y que les expliquen
por qué razón”.
Señor
Zapatero, mírenos usted a la cara
y explíquenos por qué los
nietos de españoles debemos seguir
siendo ciudadanos de segunda categoría;
díganoslo y explíquenos
por qué razón.
Aunque
la legislación vigente nos relegue
a una ficción jurídica tan
anacrónica como insultante, es
decir la de ciudadanos de una categoría
borrosa que en el mejor de los casos,
no es única, periódicamente
leemos en el Boletín del Estado
las nacionalidades otorgadas por Carta
de Naturaleza.
Es decir aquellas concedidas, según
reza el Artículo 21 del Código
Civil, “discrecionalmente mediante
Real Decreto, cuando en el interesado
concurran circunstancias excepcionales”.
Como claramente lo explica la página
de internet del Ministerio de Justicia:
“Ejemplo de ello es el acuerdo
adoptado por el Consejo de Ministros de
12 de marzo de 2004 por el que se aprobó
la concesión de la nacionalidad
española a las víctimas
y familiares directos (heridos, cónyuge,
descendientes y ascendientes en primer
grado de consanguinidad de los fallecidos) del
atentado ocurrido en Madrid el día
11-3-04 ( RD 453/2004, de 18 de
marzo, BOE núm. 70, de 22-03-04)”.
Desde
luego Sr. Presidente, el Consejo de Ministros
actuó como corresponde. Pero hay
incongruencias serias entre los baremos
que el gobierno parece utilizar para definir
cuáles son circunstancias excepcionales.
Fíjese
usted Sr. Zapatero que el extremo opuesto
al magnicidio precitado pero con entidad
suficiente para merecer la calificación
de “circunstancia excepcional”
sería el de un actor o un escritor
que a través de su obra hubiera
hecho aportes substanciales a la cultura
hispana, desde cualquier país.
O bien, como a menudo deducimos de las
listas publicadas en el Boletín
del Estado, por haber hecho cuantiosos
aportes a las arcas públicas a
través de los impuestos, la creación
de puestos de trabajo y en general haber
contribuido positivamente a la economía
del país, aún sin siquiera
tener otros puntos en común con
la cultura e historia de España
que el haber decidido hacer de ésta,
su nueva tierra. En concreto, una circunstancia
excepcional bien puede ser de naturaleza
humanitaria, o de carácter práctico.
Sin
embargo a los nietos no se nos considera
con derecho por razones prácticas
ya que, según parece, los nietos
tenemos precio, y es caro. Así
lo expresó el director general
de emigración, Jesús Ramón
Copa Novo al Sr. Juan Manuel Fernández,
un nieto de españoles, como consta
en el artículo publicado en el
número 386 del periódico
España Exterior, el 23 de noviembre
de 2004 y que adjuntamos para su información:
“Si optaran a la nacionalidad
los jóvenes no habría problemas,
pero si son personas mayores provocaría
que no se pudiera destinar el presupuesto
dedicado a su atención”.
Curioso
comentario en boca de quien fuera profesor
de geografía e historia. ¿Y
los aportes de nuestros abuelos a España,
tanto en lo cultural como en lo económico?¿O
el Profesor Copa Novo ignora que muchos
de los españoles que no emigraron
y hoy nos desconocen, cubrieron sus necesidades
básicas, recibieron educación
y lograron sobrevivir gracias a nuestros
abuelos que abonando con su sangre las
tierras americanas nunca dejaron de enviar
sus ahorros a los pueblos de los que provenían?
¿Es necesario cuantificar éstos
aportes para que se nos reconozca un derecho
de por sí inalienable?
O
sea que tenemos derecho a ser reconocidos
como ciudadanos, solamente si el cálculo
es a favor del estado, pero la cuenta
se hace solamente en el “debe”,
no en el “haber”.
Sin
embargo, a los nietos de españoles
que refrendamos ésta carta Sr.
Presidente, que vivimos en doce países
del mundo además de España
y pertenecemos a todos los niveles económicos,
educacionales y laborales imaginables,
no se nos considera con derecho tampoco
desde el punto de vista humanitario ya
que si el argumento del Profesor Copa
Novo fuera válido, se le niega
a un grupo de personas mayores la nacionalidad
porque hacerlo solamente en virtud de
principios de justicia social, es muy
caro.
Es
decir, no encuadramos en lo práctico
y tampoco en lo humanitario.
Sepa disculpar usted Sr. Presidente, pero
si ése el concepto prevalente en
su gabinete de ministros, deberíamos
llamar a las cosas por sus nombre y dejarnos
de eufemismos: “tanto tienes, tanto
vales”.
¿Podría
usted imaginar Sr. Presidente, que dentro
de cincuenta años por ejemplo,
un país cualquiera decidiera que
los nietos de sus emigrados a España
por razones políticas, sociales
y económicas, de ésos mismos
emigrados que hoy en día transfieren
miles de euros diarios a sus familias
en otros países, no pueden ser
ciudadanos de los países a los
que ellos ayudaron a sobrevivir porque
serían “muy caros”?
Permítame
usted reiterarle respetuosamente Señor
Zapatero, mírenos usted a la cara
y explíquenos por qué los
nietos de españoles debemos seguir
siendo ciudadanos de segunda categoría;
díganoslo y explíquenos
por qué razón.
Gracias.
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